Cuando los grandes glaciares se desvanecieron de las costas del norte, los bacalaos comenzaron con sus migraciones anuales desde el mar de Barents hasta llegar a las aguas de las Lofoten para procrear.

Cada invierno, desde hace 10.000 años, los habitantes del litoral han pescado al sabroso bacalao del Ártico Noruego, compartiendo después, juntos, una buena comida compuesta por pescado fresco con sus hígados y huevas. También producían pescado deshidratado y aceite de hígado de bacalao, que luego usaban para  intercambio en trueques y para fines comerciales. Todavía hoy se pueden ver en todas las islas los famosos secaderos, rodeados siempre por gaviotas y oliendo a mar y salitre.

secaderos de bacalao en las islas lofoten


Las Islas Lofoten han sido uno de los ejes centrales en este proceso productivo relacionado con el mar y la pesca. Incluso antes del año 1.000 a.C. ya contaban con un comercio sustancial en relación al pescado de la zona, y pescadores procedentes de otras partes de la costa viajaban a las Lofoten para participar en la pesca anual del bacalao que duraba desde el mes de enero hasta abril.

El pescado deshidratado se llevaba a casa para consumo propio o se vendía a los minoristas locales. Durante cientos de años, la producción pesquera del Norte ha supuesto un 80% del total de las exportaciones nacionales. Sumado a esto, grandes cantidades de pieles, pelajes, plumones e incluso colmillos de morsa también provenían del norte. Una economía de hombres duros basada exclusivamente en el mar de la que todavía quedan restos, como las famosas Rorbu, o cabañas de pescadores, hoy convertidas en lujosas casas rurales.